El desarrollo de la inteligencia del bebé

El recién nacido nace dotado de una serie de reflejos que están diseñados para la supervivencia del frágil cachorro humano. Aunque alguno de estos reflejos nos pueden parecer realmente ingeniosos, son conductas innatas que el bebé realiza automáticamente sin ninguna intención.

Los reflejos son una serie de movimientos encadenados que se ponen en marcha después de un estímulo concreto para ejecutar una acción compleja que es automática y que le permitirá comer y llamar la atención de sus cuidadores con el fin último de sobrevivir. Ni siquiera cuando llora lo hace con la intención de que alguien lo atienda. No hay intencionalidad porque el cerebro no tiene aún el desarrollo suficiente. Llora solo como reacción a la incomodidad que siente, que puede ser hambre, frío o soledad y deja de llorar cuando desaparece esa incomodidad. Es una reacción muy simple, sin ninguna intención. En realidad el bebé no sabe que alguien lo va a ir a atender cuando llora. No tiene aún la experiencia suficiente y le llevará un largo tiempo descubrirlo. El desarrollo de la inteligencia del bebé supone que empieza a realizar conductas de forma intencionada. 

Pero ¿cuándo y cómo se producen estos cambios en el desarrollo?

Durante los primeros 2 años de vida se distinguen unas seis etapas en el desarrollo de la inteligencia del bebé. 

En una primera etapa, entre el nacimiento y los dos primeros meses de vida, el bebé dispone de sus reflejos innatos para llevar a cabo todas sus acciones. Reflejos como los de búsqueda y succión le permiten alimentarse. El reflejo de búsqueda se pone en marcha cuando algo, habitualmente el pezón pero también un dedo, la punta de la manta o cualquier cosa que se acerque a la comisura de la boca, provoca que el bebé mueva la cabeza de un lado a otro intentando llevarse a la boca lo que interpreta que es el pezón. Una vez “atrapado» el pecho (o el dedo, si pasaba por ahí), comenzará a hacer los movimientos ondulantes de la lengua necesarios para extraer la leche. En esta etapa del desarrollo lo único que puede realizar el bebé es practicar estos reflejos y ya desde primera hora empieza a hacer ligeras modificaciones del reflejo para adaptarlo a las distintas situaciones que puede encontrarse. Por ejemplo, el reflejo de succión puede variar según la intensidad del flujo de la leche, la distinta disposición de los pechos de su madre, la presencia de un frenillo que dificulta la movilidad de la lengua o cualquier otro cambio que requiera de una adaptación del reflejo. También puede utilizar el reflejo de succión no solo para comer sino también para chuparse el dedo o un chupete, y el movimiento de succión no será igual en estos casos cuando la finalidad no es nutritiva.

En un siguiente estadio, entre los 2 y los 4 meses, empiezan a surgir reacciones que podrían considerarse cómo intencionadas, por ejemplo cuando el bebé se lleva la mano a la boca para chuparse el dedo. Se distingue de la fase anterior en que en este momento se está llevando el dedo hacia la boca mientras que en la primera fase se chupa el dedo porque se lo encuentra por ahí cerca.

Entre los 4 y los 8 meses el bebé descubre que puede realizar movimientos con las manos como golpear, empujar o sujetar algo y que estos movimientos producen una reacción en el entorno, por ejemplo puede golpear un juguete o empujar un objeto y esto produce una reacción aunque todavía no la realiza de forma intencionada. ¿Cuántas veces hemos visto al bebé que empieza a comer mirar fascinado cómo cae la comida que está empujando? No lo hace con la secreta  intención de no comer, sino que está experimentando una nueva adquisición en el desarrollo. Recuerda esto la próxima vez que veas que intenta alimentar al perro con brócoli. No está tratando de que el perro se vuelva vegetariano. Solo está practicando una nueva habilidad que acaba de descubrir.

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Entre los 8 y los 12 meses el bebé empieza a realizar estás acciones con objeto de conseguir un resultado. Ahora sí hay intención en estos movimientos. Un ejemplo típico de esta etapa es cuando tira de una manta para descubrir un juguete que hemos escondido debajo. También a esta edad empieza a darse cuenta de cosas que van a pasar. Por ejemplo, si suena el teléfono busca el teléfono con la mirada. Si ve que te pones la chaqueta sabe que vas a salir. Si lo vistes de cierta manera será capaz de anticipar que va a salir a pasear. 

 

Entre los 12 y los 18 meses el bebé empieza a hacer pequeñas variaciones de estas conductas para conseguir nuevos resultados y por ejemplo, si está tirando un juguete desde la trona lo tirará hacia un lado o hacia el otro o intentará lanzarlo, siempre con el objeto de experimentar a ver qué pasa. 

En la última fase de este periodo, entre los 18 meses y los 2 años, el niño ya es capaz de planificar lo que va a realizar y buscar los elementos que necesita para conseguir su objetivo por ejemplo ir a buscar un palo para sacar la pelota que se ha metido debajo de un armario. 

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